Modalidades

Terapia online o presencial: cómo elegir

La pregunta correcta no es cuál funciona mejor, porque para la mayoría de motivos funcionan igual. Es cuál vas a sostener durante meses.

· Alex Daswani Llarena

La pregunta que casi todo el mundo hace es cuál funciona mejor. La respuesta corta es que, para la mayoría de motivos de consulta, la evidencia disponible no encuentra diferencias relevantes de resultado entre terapia presencial y terapia online.

Así que la pregunta útil es otra: cuál de las dos vas a sostener durante meses. Porque la terapia que funciona es la que se hace, y la que se hace es la que encaja en tu vida real.

Cuándo la online gana

  • La distancia es un factor. Si vives en Santa Cruz, La Laguna o el sur, la presencial te cuesta la sesión más una hora larga de carretera. Ese coste se paga en faltas de asistencia cuando llega una semana complicada.
  • Tu horario es irregular. Turnos rotativos, guardias, jornadas partidas. Online hay más franjas y es más fácil recolocar.
  • Viajas o pasas temporadas fuera. El proceso no se interrumpe, que es justo cuando más se pierde.
  • Te abres antes en tu propio espacio. A mucha gente le pasa, y es una razón tan válida como las demás.

Cuándo la presencial aporta algo que la pantalla no da

  • Trabajo experiencial y corporal. Ejercicios de rol, trabajo con posturas o con el movimiento: pierden bastante por videollamada.
  • Cuando cuesta mucho sostener la atención. En casa hay móvil, nevera y alguien que entra. La consulta es un espacio protegido durante una hora, y esa protección es terapéutica en sí misma.
  • Sesiones de pareja tensas. Funcionan online, pero cuando hay mucha carga en la sala, compartir espacio físico ayuda a contenerla.
  • El ritual de salir de casa. Para algunas personas, el desplazamiento es parte del proceso: marca un antes y un después que la pantalla no marca.

Lo que no debería decidir

El precio no es un criterio, porque es el mismo. Misma duración, mismo psicólogo, misma tarifa. Lo que cambia es el canal, no el trabajo.

La seguridad tampoco. Las sesiones online se hacen por videollamada cifrada, no se graban, y están sujetas al mismo secreto profesional que en consulta.

No hace falta elegir para siempre

Es lo que más gente hace y lo que menos se dice: alternar. Presencial cuando puedes acercarte, online las semanas imposibles. Un proceso puede empezar presencial para asentar el vínculo y seguir online, o al revés.

Nadie te va a pedir que te comprometas con una modalidad en la primera sesión.

Qué necesitas para la online

Menos de lo que parece: conexión estable, auriculares —importan más de lo que uno cree, para el sonido y para la intimidad— y un sitio donde nadie vaya a entrar durante una hora. Sin programas que instalar ni cuentas que crear.

Ese último punto es el que más falla. Si el único sitio posible es el salón con gente alrededor, la sesión se resiente. A veces la mejor solución es el coche aparcado; no es elegante, y funciona.

Una excepción honesta

Hay situaciones que requieren valoración presencial o una intervención más intensiva, y en esos casos la online no es la opción adecuada. Si es tu caso, se te dirá en la primera sesión, aunque eso signifique derivarte a otro sitio.

Leer ayuda. Hablarlo, más.

Si algo de lo que has leído te ha resonado, la primera sesión sirve justo para eso: poner nombre a lo que te pasa sin comprometerte a nada.