Primeros pasos

¿Cómo saber si necesito ir al psicólogo?

La pregunta casi nunca es «¿estoy lo bastante mal?». Suele ser «¿esto que me pasa tiene arreglo?». Diez señales que en consulta vemos una y otra vez.

· Alex Daswani Llarena

Alex Daswani escuchando durante una sesión en su consulta

Casi nadie llega a consulta preguntándose si está lo bastante mal. La duda que traen la mayoría de personas es otra: ¿esto que me pasa tiene arreglo, o es simplemente cómo soy?

No hace falta tocar fondo para pedir ayuda. De hecho, los procesos más cortos y más agradecidos suelen ser los de quien viene pronto, cuando el problema todavía tiene bordes reconocibles. Estas son diez señales que en consulta aparecen una y otra vez.

1. Llevas meses con lo mismo y nada de lo que intentas funciona

Has leído, has hablado con gente de confianza, has cambiado hábitos. Y aun así vuelves al mismo punto. Cuando algo resiste meses de intentos razonables, no es falta de voluntad: es que probablemente el problema no está donde lo estás buscando.

2. Estás evitando cosas que antes hacías sin pensar

Dejar de coger el coche, de contestar llamadas, de quedar, de dormir solo. La evitación es el mecanismo más eficaz que existe para sentir alivio inmediato, y también el que más fiablemente hace crecer el problema a medio-largo plazo. Cuando tu mundo se va estrechando para que quepa el malestar, eso es motivo de consulta.

3. Lo que sientes ya no encaja con lo que pasa

Es normal estar hundido tras una pérdida o tenso antes de un examen. Otra cosa es despertarte con angustia sin motivo, o no sentir nada ante algo que debería importarte. La intensidad y la duración desproporcionadas respecto a lo que las provoca son una señal clara.

4. Quieres dejar de sentir o pensar

Tal vez lo que experimentas es muy intenso y te invita a salir corriendo. Tal vez esta huida te está encadenando al problema.

5. Tu cuerpo lleva tiempo avisando

Insomnio, tensión en la mandíbula, digestiones que se estropean, cansancio que no se pasa durmiendo. Cuando el médico ha descartado causa orgánica y los síntomas siguen ahí, el cuerpo suele estar contando algo que todavía no tiene palabras.

6. Tu mente parece tu peor enemiga

Te llegan pensamientos, recuerdos, escenarios reales o imaginarios que te desagradan y que no puedes quitarte de la cabeza.

7. Tu vida ha perdido el sentido

Ibas en una dirección concreta y parecía que todo iba bien. Tal vez algo ocurrió que te desvió del camino, que te impidió volver al mismo, o sencillamente ese camino parece no llevarte a ninguna parte.

8. Sabes que tienes que dar el paso, pero no lo das

Estás estancado y, por mucho que quisieras dar el paso, sientes que sería caer al vacío. Una parte de ti sabe que hay que darlo, que no pasa nada, pero tu mente te dice lo contrario.

9. Ya no te reconoces

Es la señal menos concreta y la que más se repite. «No soy yo». «Antes esto no me costaba». No necesita ningún síntoma de manual para ser un motivo perfectamente válido.

10. Las mismas discusiones, con distintas personas

Si el patrón se repite con tu pareja, con tu madre y con tu jefe, el denominador común deja de ser la otra persona. Eso no significa que la culpa sea tuya. Significa que hay una forma de relacionarte que se puede mirar y, con trabajo, cambiar.

Y si no tengo ninguna de estas señales

También vale. Mucha gente viene sin un problema definido: quiere entenderse mejor, tomar una decisión importante con la cabeza más clara, o revisar por qué le cuesta tanto descansar. La terapia no es solo reparadora.

Qué pasa en la primera sesión

Dura alrededor de una hora. Se trata de contar qué te trae, aclarar dudas sobre el proceso y diseñar juntos un plan de trabajo realista. No hay que llegar con el problema ordenado ni saber explicarlo bien: ordenarlo es justamente parte del trabajo. Y no compromete a continuar.

Si después de leer esto sigues dudando, esa duda también se puede llevar a consulta. Es un motivo tan legítimo como cualquier otro.

Leer ayuda. Hablarlo, más.

Si algo de lo que has leído te ha resonado, la primera sesión sirve justo para eso: poner nombre a lo que te pasa sin comprometerte a nada.