Cómo trabajamos

Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

Casi toda la psicología popular promete quitarte el malestar. ACT propone algo distinto y, al principio, contraintuitivo: dejar de pelearte con él.

· Alex Daswani Llarena

Sala de consulta con dos sillones enfrentados

Casi toda la psicología divulgativa promete lo mismo: quitarte el malestar. Piensa en positivo, gestiona tus emociones, controla tu mente. La Terapia de Aceptación y Compromiso —ACT, por sus siglas en inglés— propone algo distinto y, al principio, contraintuitivo: dejar de pelearte con el malestar para que deje de ocupar el centro.

La idea de fondo

ACT parte de una observación incómoda: los pensamientos y las emociones no funcionan como los objetos. Con un objeto molesto, cuanto más te esfuerzas en quitarlo, antes desaparece. Con un pensamiento pasa lo contrario. Intenta ahora mismo no pensar en una playa de arena negra durante diez segundos.

Esto tiene consecuencias prácticas enormes. Si el control funcionara con el mundo interno como funciona con el externo, todo el mundo dejaría de tener ansiedad con solo proponérselo. Que no ocurra no es un fallo tuyo: es cómo está construido el lenguaje humano.

Qué significa «aceptación»

Aquí hay un malentendido que conviene deshacer. Aceptación no es resignación, ni conformarse con una situación injusta, ni convencerte de que lo que duele no duele.

Es dejar de gastar energía en una pelea que no se puede ganar —la de no sentir lo que sientes— para poder gastarla en lo que sí está bajo tu control: lo que haces. Se acepta la emoción, no la circunstancia. Si tu trabajo te está quemando, ACT no te pide que lo aceptes: te pide que dejes de pelear con la angustia el tiempo suficiente para decidir con claridad qué vas a hacer con ese trabajo.

Y «compromiso»

Es la otra mitad, y es la que hace que ACT no se quede en una filosofía bonita. Compromiso significa identificar qué te importa de verdad —no qué deberías querer, sino qué valoras— y empezar a actuar en esa dirección ya, con el malestar puesto.

No «cuando esté mejor, retomaré a mis amigos», sino «voy a quedar el jueves, y probablemente vaya con algo de ansiedad». Ese cambio de orden es casi todo el tratamiento.

La flexibilidad psicológica

Es el objetivo que ACT persigue: la capacidad de estar en contacto con lo que sientes, sin que eso determine lo que haces, y de sostener la dirección que te importa aunque el camino sea incómodo.

Fíjate en que el objetivo no es «sentirse bien». Es una diferencia importante, porque cuando el objetivo es sentirse bien, cualquier malestar se convierte en un fracaso. Y con ese criterio, la vida entera es un fracaso intermitente.

Qué dice la evidencia

ACT es una de las llamadas terapias contextuales o de tercera generación, y cuenta con respaldo empírico en ansiedad, depresión, dolor crónico y estrés laboral, entre otros. No es una alternativa esotérica a la psicología basada en evidencia: forma parte de ella.

Dicho esto, ninguna terapia funciona para todo el mundo ni para todo. Parte del trabajo de la primera sesión es valorar si este es el encuadre adecuado para lo que traes.

Cómo se nota en sesión

Se habla bastante menos de «por qué me pasa esto» y bastante más de «qué haces cuando te pasa» y «qué te está costando eso». Hay ejercicios experienciales, metáforas y trabajo con lo que ocurre en la propia sala.

En consulta lo combinamos con FAP —Psicoterapia Analítica Funcional—, que usa la relación terapéutica como material de trabajo en directo, y con TMR, que integra ambas perspectivas. En la práctica no son tres terapias distintas aplicadas por turnos, sino una forma de trabajar.

Leer ayuda. Hablarlo, más.

Si algo de lo que has leído te ha resonado, la primera sesión sirve justo para eso: poner nombre a lo que te pasa sin comprometerte a nada.